Noticias, noticias y más noticias

Las noticias sobre los libros digitales, o ebooks, o sobre nuevos dispositivos de lectura, o e-readers, o ebooks, (que por mucho que nos empeñemos los lectores lo llaman a todo por el mismo nombre), las tabletas versus lectores digitales, o sobre las plataformas de libros electrónicos (ojo que viene Amazon) son tantas que es imposible estar al día de todo. Y qué decir sobre la digitalización de los fondos de universidades, bibliotecas públicas y privadas, fundaciones, editoriales (grandes y pequeñas, o lo que es lo mismo, megagrupos e independientes) o sobre la incorporación de nuevos títulos a la red para su descarga en formato epub o pdf, o vayaseustedasaber. El caso es que uno abre todos los días su correo, sus listas, visita las páginas que más le gustan, mira su cuenta de twitter, o la de facebook, o cualquiera en la que está suscrito, y es incapaz de seguir todo lo que genera el “futuro del libro” que es más presenta que futuro. Hoy puedo leer

… y así una interminable lista de titulares, como los que genera #editoressantander en Twitter.

Mucho ruido, tenemos mucho ruido. Todos debatiendo desde hace varios años, dando charlas, conferencias, unos montando jornadas, otros participando en ellas, unos con miedo, otros viendo un nuevo negocio. ¡Que viene el lobo! ¡que viene el lobo! Y el lobo parece ser que este año es Amazon, que se va a comer a los tres cerditos. Un cuento que los que manejan iPhone se lo descargan para que la maquinita en cuestión se lo narre a los niños mientras ven pasar “hojas”.

Y crece la edición digital, o electrónica, o como quieran llamarla. Crece y crece, mientras que la de papel dicen que muere, en una agonía lenta. Tampoco creo que sea así. Lo que se ve es que muere la edición en papel de determinado tipo de libro, como manuales de derecho, o publicaciones de actas de congreso (que alivio. Lo de las actas digo). Pues eso, que crece, pero que el dinero sólo se ve en USA, que aquí todavía el crecimiento no se traduce en muchos euros, en mucho beneficio.

Y los lectores (ahora me refiero a los humanos, no a las máquinas) se pierden entre noticias, marcas, formatos y plataformas, lo que todavía no sé si es bueno o es malo.

Pero no hay que alarmarse. El libro en papel no va a desaparecer, no se va a volatilizar ni se convertirá en objeto de lujo. Tan sólo estamos asistiendo a una reordenación del negocio del libro (o industria cultural), y como negocio que es (aunque enarbolemos siempre la bandera de la cultura) todos se asustan y gritan, y piden ayuda y protección. Socorro administración. Tienen que hacer algo. Que nos cierran el kiosko. Y tantas cosas están cerrando. Yo soy un amante de las librerías, de las independientes que dicen ahora, y entras y ojeas, y otra vez, y te vas sin comprar nada, y un día sí compras, y al otro no. Y me gusta que haya una, o dos, o tres, o las que sea, en cada barrio de cada ciudad. Pero no sé si la burra da para tanto. Ojalá diera.

No sé si borrar todo o publicarlo en el blog. Otra noticia más sobre no sé qué.

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